Son las doce horas, un minuto y quince segundos. Tu correo ha entrado en mi bandeja, tu dirección en mi libreta de contactos y tu comentario en mi blog. En este instante, tu ánimo inundó mi melancolía, tu alegría mi facebook y tu sonrisa mi mueca eterna de dolor.
A las doce y tres minutos, el amor desempolvó con rabia el denso hollín que envolvía mi corazón pintándolo de alegres colores.
A las doce y diez, la vida entró en mi muerte, y pude mirar el futuro con la mirada expectante de los que nunca han conocido la desolación.
