
A esto se le unió el olor a tierra mojada, olor de otoño, también el color del día, ese nublado claro que se resiste a abrir una ventana porque sabe que el sol está ahí, agazapado, intentando por todos los medios asomarse a la mañana.
La música de la megafonía apurando a los retrasados la entrada a clase, acabó por rematar la faena. "Michelle" de Los Beatles sonaba sin compasión y ese airecillo de nieve llevaba la melodía por todos los rincones del parque.
.
No sé porqué la combinación letal de olor, sonido, colores y ritmo de mi mañana, me transportaron sin remisión a un pasado muy lejano, me sentí niña de nuevo, con uniforme gris que iba al cole de la mano de su madre.
Quizá en alguna mañana de mi niñez se dieron esta conjugación de elementos y se quedaron impregnados en mi mente, y de repente, el otro día, asaltaron mi consciente dejándome una agridulce sensación de añoranza.
Inevitablemente, mi ánimo se vio alterado para bien, ya no me importaba lo tarde que iba a llegar, me apetecía recrearme en la sensación y, por un momento, no quise que terminara.
Pero se fue.
Volando, acompañando las notas de la canción de Los Beatles.
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